October 19

El lado invisible del maltrato

Tendemos a pensar que el maltrato es solamente físico, y es por eso por lo que pasamos por alto el impacto que produce en nuestros cuerpos las palabras desafortunadas. 

He visto a personas sufrir el trauma de que alguien los domine, los regañe, los critique y los castigue, y sin embargo, no saben decir que no, terminan pensando que sus necesidades van en segundo lugar, y se ven incapaces de poner los límites necesarios para que la relación no corrompa su individualidad.

Aunque el abuso emocional tiene muchas formas, todavía es un tabú, ya que a menudo, se considera algo liviano, que todo el mundo debería simplemente superar y seguir adelante. Incluso el poco conocimiento que existe sobre ello en nuestra sociedad, puede dejar a las víctimas completamente inconscientes de que están siendo oprimidas, pensando paradójicamente, que ellos son el problema, renegando de su autoestima, y acatando las normas tóxicas del ecosistema que habita.

El dolor del abuso que se origine psicológica, verbal, física, emocional o sexualmente, el abuso es abuso, y hay que detenerlo antes de que otra persona tenga que sufrir en silencio.

¿Cómo sé si estoy siendo víctima de un abuso emocional?

Imagínate que te detienes antes de salir por una puerta y sostienes tu mano contra el marco. Solo quieres irte sin más, pues sabes que en algún lugar dentro de ti, no tienes que aceptar lo que estás pasando. Eres libre de simplemente salir por la puerta, pero te sientes congelada/o. 

Traspasado el umbral, te encuentras insegura/o, y no sabes cómo cruzar, pero eres consciente de que necesitas hacerlo si quieres alcanzar tu libertad. Presa del coraje, das un paso adelante.

"¿A dónde crees que vas?" Te congelas de nuevo, sintiendo que se te erizan los pelos del cuello.

Al escuchar su voz tan cerca, quieres gritar, y no encuentras las fuerzas para hacerlo. Te sientes mutilada/o emocionalmente presa de tus experiencias pasadas.

Psicológicamente, percibes un abrumador deseo de escaparte, de correr y encontrar una manera de desaparecer por completo. 

Cuando tu agresor habla de nuevo, el eco de sus palabras flota en el aire, inquietan, como un hedor rancio. Te sientes sofocada/o por la tensión, luchas en tu mente con el significado de las palabras que te dedica, y consiguen hacerte dudar hasta de ti. Es deshumanizante.

¿Cuánto tiempo te quedaras y seguirás aguantando? ¿Cuánto tiempo permitirás que las disputas vulneren tu autoestima, o lo que queda de ella? No puedes explicar por qué y de qué formas te sientes dolida/o, y eso es porque los recuerdos permanecen grabados en las fibras de tus músculos como si te golpearan físicamente cada vez que te dice algo.

Cada vez que te ataca, intentas defenderte fugazmente. Tal vez te imaginas manteniéndote firme mientras defiendes débilmente tus principios, pero al final vuelves a saborear el polvo de la derrota y eres derrotada/o por la pura fuerza bruta de sus palabras ¿para qué oponer resistencia a sus palabras? Habla y su poder interrumpe tu razonamiento, cuando más te revelas, más implacable es el castigo al que te ves sometida/o.

No sabes cuándo, cómo y de qué forma, pero cualquier situación puede propiciar un nuevo golpe verbal, y cada golpe destruye progresiva pero implacablemente el templo de tu ego. Al final tus pensamientos manchados ya no pueden comprender tu capacidad para intentar defenderte, y terminas concluyendo que no tienes ninguna capacidad para ganar esta batalla.

El abuso emocional es igual de dañino.

La narración realizada es solo un ejemplo de cómo se experimenta el abuso emocional. Hace que el receptor piense que no hay salida ni forma de superar todo lo que ha pasado. Las ataduras disfuncionales o la dependencia emocional hacia su abusador hacen que la fuerza del ambiente supere la fortaleza del individuo, y propicia que sea mucho más fácil creer las mentiras, como si el abuso verbal no fuera un abuso "real".

La mayoría de la gente no reconoce que el abuso emocional es tan dañino y traumatizante como el abuso físico, cuando en realidad, puede llegar a ser mucho más dañino con una mera agresión física. 

Mientras que los hematomas físicos se desvanecerán con el tiempo, los golpes emocionales dejan una desfiguración invisible que se materializa tan pronto como se vuelve a abrir la herida.

Existe mucha gente que sufre en un silencio atroz, lidiando con las cicatrices emocionales como si nunca hubieran estado ahí. Ninguna cantidad de maquillaje puede cubrir la evidencia invisible y, como resultado, muchas personas intentan fingir que nunca sucedió.

La manipulación verbal y el abuso, lleva a los maltratados a un estado emocional de desesperanza, y les presenta una especie de suicidio emocional. Nunca saben cómo aceptar lo que están sobreviviendo. Las personas que los rodean tienden a amonestarlos o minimizar su trauma, ya que todo lo que hace es gritarte “no es para tanto".

Estas declaraciones hacen que las personas abusadas sientan que ni siquiera deberían intentar escapar. Que deben aceptar e incluso apreciar que su abusador no los agredió físicamente. Nadie ve los patrones de autoderrota y destrucción que provienen de este tipo de maltrato.

Todos somos dignos de ser tratados con respeto, porque de lo contrario, la autonomía sobre tu vida se verá dramáticamente repercutida. 

Mereces encontrar a alguien que realmente te ame por lo que eres. Alguien que entienda lo que necesitas y no se sienta amenazado por tu opinión.

Tienes que empezar a darte cuenta de que eres digno y recordártelo todos los días, para así poder reconstruir tu autoestima, y diseñar la vida que quieres tener.

Puedes hacerlo. Te lo mereces, y tienes que confiar en un futuro más próspero.

Esta forma de pensar te llevará hacia el camino de la curación y, en el proceso, reconocerás que no tienes que fingir que no estás herida/o, podrás reconocer que tu dolor es real, y que tu voz merece ser escuchado.

Así que habla y reconoce que las palabras también duelen, y pide ayuda de ser necesario, pero no te conformes con nada menos que una relación sana.


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